El Efecto Pigmalión y su influencia en los niños

Por: Dra. Karen M. Armaiz-Nolla

Pigmalión, rey de Chipre, buscó durante muchísimo tiempo a una mujer con la cual casarse. Pero con una condición: debía ser la mujer perfecta. Frustrado en su búsqueda, decidió no casarse y dedicar su tiempo a crear esculturas preciosas para compensar la ausencia. Una de estas, Galatea, era tan bella que Pigmalión se enamoró de la estatua. Mediante la intervención de Afrodita, Pigmalión soñó que Galatea cobraba vida. En la obra Las metamorfosis, de Ovidio, se relata así el mito:
“Pigmalión se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del Sol y se deja manejar con los dedos, tomando varias figuras y haciéndose más dócil y blanda con el manejo. Al verlo, Pigmalión se llena de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos”.
Al despertar, Pigmalión se encontró con Afrodita, quien, conmovida por el deseo del rey, le dijo “mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal”. Y así fue como Galatea se convirtió en humana.

En nuestro caso específico a diario los padres y/o cuidadores crean expectativas de sus hijos que si bien pueden ser utilizadas de forma positiva y real podrían crear efectos sorprendentes en el desarrollo psicológico de los menores. No olvidemos que esto también tiene una contraparte. Es decir, que el Efecto Pigmalión puede ocasionar graves consecuencias emocionales y conductuales (relacionados al componente psicológico) en el menor si se utiliza inadecuadamente. Es por esto que debemos entender con sabiduría como lo que pensamos, decimos y actuamos creará en el menor opiniones acerca de si mismo, de sus padres y de los demás. El remedio es sencillo: EVITE PONER ETIQUETAS A LOS NIÑOS Y A LAS DEMÁS PERSONAS. Les comparto varias frases que los menores que asisten a mi consulta verbalizan y son motivo de sensaciones desagradables que afectan su desarrollo psicológico: “habla más que una cotorra” / “tienes ladillas en el fundillo” (haciendo referencia a niños que se les dificulta permanecer quietos) / “que loco” / “estas sordo(a) o que…” / “eres un malcriado(a)” / “los niños hablan cuando las gallinas orinan” (se hace referencia a que no se tome en consideración la opinión del niño(a) / “te va a comer el cuco si te sigues portando así” (frase típica que se sigue utilizando para intimidar al menor y en nada le anima a cambiar su comportamiento de forma positiva).

En fin al igual que podemos encontrar una gran variedad de frases con Efecto Pigmalión que resulten dañinas y tóxicas, también debemos hacer el esfuerzo por elegir un mejor vocabulario, ya que la etiqueta que los adultos le imponen al niño acaba convirtiéndose en una realidad.

La autora es Psicóloga especialista en Niños y Adolescentes y Perito Forense. Dra. Karen M. Armaiz-Nolla. Clínica de Niños y Adolescentes. Hospital Menonita CIMA, Cayey y Aibonito. Tel. 787-645-0535

 

 

 

 

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