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Sigue la tradición en la Carrera Tomás Fernández

El deporte ciencia ayudó a que el exjugador y árbitro internacional superara los efectos de dos derrames cerebrales

Por: Jorge L. Pérez / JPG Media Group
Fotos: Pepo Pereira / JPG Media Group

El ajedrez ha sido la vida y pasión de Carlos Ortiz, así que es totalmente comprensible que el llamado “deporte ciencia” le haya dado la mano en sus momentos de crisis.

“Hace tres años me dieron dos derrames”, dijo el otrora destacado jugador de ajedrez que sobresalió a nivel nacional y más tarde se hizo árbitro internacional.

“Ahora estoy bastante bien y camino con andador en algunos lugares, como, por ejemplo, en Plaza Centro, porque hay tanta gente que pueden tumbarme, pero no cuando estoy en la Casa del Ajedrez”, agregó el cagueño de 60 años de edad.

“El neurólogo me dice que precisamente una de las razones por las que perdí pocas neuronas y quedé bastante bien después del derrame es por jugar ajedrez”, indicó Ortiz.

El Departamento de la Familia lo asignó a un hogar en Aguas Buenas donde, por suerte, el padre de uno de sus jugadores era enfermero.

“Allí me trataban de lo más bien”, dijo. “La mamá de otro de los muchachos me llevaba”.

Desde principios del año pasado, sin embargo, Ortiz pudo regresar a su casa y ahora sigue tan activo como siempre, cumpliendo con su trabajo voluntario con el Departamento de Recreación y Deportes estatal a cargo del programa del centro deportivo de ajedrez en Plaza Centro.

“Allí doy clases gratuitas y comparto con todo aquel que quiera jugar ajedrez”, explicó Ortiz, quien también da clases de ajedrez en un club de Humacao.

Su romance con el ajedrez comenzó cuando tenía unos 16 años y acababa de entrar a la escuela superior Gautier Benítez en Caguas.

“Allí vi que unos muchachos empezaron a jugar ajedrez y les pedí me enseñaran para jugar con ellos”, recordó Ortiz. “Lo que me dijeron fue que me comprara un juego para enseñarme lo cual no pasó. Cuando yo llegué con mi juego, me lo quitaron para jugar ellos”.

“Me compré un libro para aprender ajedrez, pero no entendí nada. Entonces me acordé que en casa había una enciclopedia y que posiblemente había información sobre el ajedrez”, prosiguió. “Ese fin de semana me lo pasé estudiando el libro y lo que decía la enciclopedia y empecé a pasar los juegos. Al lunes siguiente no dejé que me quitaran el juego y me puse a jugar con la suerte que ese primer juego lo gané”, señaló.

“Y lo que sí sé es que como a las dos semanas ya en al Gautier no había quien me ganara”.

Al poco tiempo asistió a un torneo en San Lorenzo junto a un reconocido propulsor del ajedrez en Caguas, Rafael Ortiz, y allí se enteraron que iba a fundarse un club de ajedrez en una logia masónica.

“Y así empezamos”, expresó. “Luego movimos el club y formamos el Club de Ajedrez Incorporado, que todavía existe”.

Al poco tiempo, Carlos se convirtió en un jugador de altos vuelos. “Llegué cinco veces a las semifinales nacionales y dos a las finales”.

También se desarrolló como árbitro. “En 1985 recibí mi título de árbitro internacional. De ahí en adelante he arbitrado en casi todas las competencias que se celebran en Puerto Rico, y en muchas internacionales”.

En 2005, entretanto, comenzó a trabajar con Recreación y Deportes como parte de su programa de centros deportivos, y empezó a operar primero un centro deportivo de ajedrez en San Lorenzo, el cual posteriormente trasladó a Plaza Centro, donde continúa ahora.

“Solicité el cambio porque en un centro comercial va más gente y la gente tiene más acceso al ajedrez”, explicó.

Plaza Centro también auspicia un torneo nacional que ha tenido gran acogida.

   

 

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