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Una vida dedicada al voleibol cagüeño

Freddy Álvarez lleva 34 años desarrollando jugadoras en el Valle del Turabo

Por: Jorge L. Pérez / JPG Media Group
Fotos: Armando Pereira / JPG Media Group

Cuando las Criollas de Caguas debutaron, hace dos años, Confederación Puertorriqueña de Voleibol (COPUVO) le hicieron un reconocimiento como parte de la dedicatoria del torneo que le hicieran a Alfredo “Freddy” Álvarez.

Se trató de un reconocimiento merecido y muy justificado. Álvarez, de 54 años de edad con raíces en Villa Carmen, lleva 34 años ligado al voleibol femenino en Caguas, y particularmente a sus categorías menores.

A mediados de los años noventa fue uno de los fundadores del Club de las Criollitas, que actualmente cuenta con 16 equipos entre las categorías de ocho a 17 años.

Él es quien se ha encargado, básicamente, de suplirle la inagotable ola de talento a las Criollas que han alcanzado ya 10 campeonatos en su historia –el máximo de la liga-, y los cetros de las últimas dos temporadas.

“Hacía un tiempo que teníamos el interés de que hubiera un equipo en la COPUVO en la que pudieran jugar las jugadoras que venían de las Criollitas, y finalmente lo conseguimos”, dijo Álvarez recientemente.

De hecho, los dirigentes de las Criollas de la COPUVO eran también entrenadores del Club de las Criollitas, que cuenta actualmente con nueve dirigentes. Curiosamente, a pesar de su larga relación con el voleibol, Freddy nunca practicó ese deporte.

“Cuando estaba en la escuela superior Antonio S. Pedreira el maestro de educación física, Francisco Osuna, se dio cuenta de que a mí lo que me interesaba era enseñar y entonces me dio al equipo de pista y campo femenino para que trabajara con las muchachas”, recordó con orgullo Álvarez.

En determinado momento, sin embargo, surgió un incidente con el equipo de pista y campo “y las muchachas se desmotivaron”, dijo. “Pero el padre de una de las niñas, Antonio Montañez, me dijo que tenía otra hija que jugaba voleibol en el Colegio Bautista y me preguntó que por qué yo no empezaba a dirigir voleibol”.

Ese padre, de hecho, le propuso respaldarlo económicamente y comprarle los uniformes para lo que fue un equipo comunitario llamado Las Kitty.

Para poder dirigirlo, sin embargo, Álvarez primero tenía que empezar a dominar las facetas técnicas del voleibol.

“Lo que hice fue que iba a las prácticas del equipo de superior de las Criollas cuando “Kikito” Cabañas era el apoderado, y allí veía y aprendía”, reconoció el inagotable obrero del voleibol. “Luego, con mi equipo, yo me ponía a enseñarles lo que había visto en las prácticas”, apuntó Álvarez, quien estudió ingeniería electrónica y trabajó de 1990 a 1999 con una compañía que fabricaba “motherboards” para computadoras y actualmente posee un negocio propio de mantenimiento de áreas verdes.

Dos años después, el propio Cabañas se topó con él en un torneo de voleibol juvenil en el que estaba participando su equipo. Allí lo invitó a que llevara a sus muchachas a un tryout para un equipo de tercera categoría (13 años) que estaba formando la franquicia de las Criollas.

“Para esa época la federación, dirigida por “Lulo” Mendoza, puso como requisito para tener una franquicia de Superior el que cada equipo tuviera equipos de tercera, segunda y primera categorías (13, 15 y 17 años)”, recordó. “Y de las que yo llevé al ‘tryout’, siete jugadoras hicieron el equipo”.

Así, Cabañas terminó reclutándolo para que dirigiera su primer equipo de tercera categoría de lo que eventualmente se llamó la Liga Pionera.

Para mediados de los noventa, finalmente, “como habían empezado a aparecer varias ligas y cada uno estaba yendo por su lado, Luis “Papo” García, Gualberto Castrillo y yo decidimos juntarnos y fue así que surgió el Club de las Criollitas”, explicó.

El resultado ha sido una lluvia incesante de destacadas jugadoras, muchas de ellas han vestido la franela nacional, como Sandra y Wanda Gálvez, Vanessa y Laura Papaleo, Nancy Montañez, Damaris y Amarylis Flores, Yanira Santiago y Jetzabel del Valle, entre otras.

Entre una cosa y otra, también fue parte del cuerpo técnico, junto al dirigente Rafael “Epique” Olazagasti, de las Criollas en la Liga de Voleibol Superior Femenina (LVSF), que ahora inician la búsqueda de su cuarto cetro consecutivo.

Además, a finales de los 2000 formֶó parte del programa de selecciones nacionales juveniles femeninas de la Federación Puertorriqueña de Voleibol (FPV).

Casado con Paulita Velázquez, es padre de tres hijas, de 17, 21 y 26 años, respectivamente.

Ante la pregunta obvia, responde lo que parece ser ya una tradición en él: “Ninguna ha tocado nunca una bola de voleibol”, dijo. “Increíble, ¿no? Pero todas me han respaldado siempre, todo el tiempo”.

   

 

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